El sueño nos empuja por Rua Nova... hasta Toural. Vamos arrastrando los pies, y volvemos por Rua do Vilar. Solo intentamos hacer tiempo, en silencio, el uno al lado del otro.
Una mano tímida busca calor en mi bolsillo trasero. Hay sueño. Mucho sueño.
En silencio llegamos a Bonaval. Como dos niños estirados, venciendo el sueño, controlando las manecillas que pasaban más rápido que de costumbre.
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